Cuántos atardeceres, flores, estrellas y lunas nos perderíamos
Pero cuántos horrores nunca nos marcarían
Todos seríamos hermosos pues comparar no podríamos
Pero un cuerpo sano y un rostro armónico nunca se apreciarían
Ciego ya está el mundo en cuanto a los ojos del alma
Pero si los abriera, veríamos más belleza que los ojos de carne nunca verían
